Primicias

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Opinión del libro Apuntes de una oveja freelancera

En la entrada anterior hablamos acerca de la importancia del freelancer en la economía moderna y de cómo la tendencia al autoempleo continua y continuará en aumento a lo largo del desarrollo de la era digital.  Ahora bien, cuando uno decide emprender un negocio o ser trabajador independiente se encuentra con nuevos retos inherentes a la naturaleza del freelancing.  Muchos de estos retos son de carácter financiero y es necesario dedicar atención a ellos puesto que pueden comprometer la estabilidad financiera del negocio y de la persona misma. Sigue leyendo

Sobre el freelance y la era digital

La revolución industrial trajo consigo importantes cambios en la economía global y la forma en la que se realizaba el trabajo hasta entonces. La manufactura artesanal pasó a ser sustituida por la producción industrial. Numerosos operarios controlaban la maquinaria encargada de producir en grandes cantidades los bienes que, posteriormente, serían comercializados.

            Durante más de cien años, la industrialización rigió el orden económico a nivel mundial hasta que, en tiempos modernos, dicho sistema he evolucionado nuevamente, dando lugar a la era digital, lo cual ha vuelto a cambiar la forma en la que el trabajo se presenta a nivel mundial. Sigue leyendo

Casa Savia

Resulta pertinente aceptar el hecho de que, hoy en día, y desde hace ya varios años, la alimentación industrial está haciendo pedazos la salud humana y, por ende, su calidad de vida a largo plazo.

Los compuestos químicos añadidos a las tan populares y preciadas carnes para darles ese atípico y antinatural color rojo (el cual, para la mayoría de la gente, denota frescura del producto); las soluciones inyectadas a nuestros vegetales para madurarlos a la fuerza fuera de temporada; las múltiples hormonas contenidas en la leche de vaca, así como las carnes y derivados comestibles de las “aves” (ej. Nuggets de pollo); el excesivo yodo añadido a nuestra sal, el glutamato monosódico omnipresente en nuestras botanas y cubos de consomé, entre muchas otras bondades que la industria añade a nuestros alimentos son los actuales responsables, en gran medida, del deterioro de nuestra salud y el desarrollo acelerado de enfermedades como la diabetes, hipertensión y diversos tipos de cáncer.

Es bueno saber que existe gente consciente que todavía lucha por mantener alejada aquella demencia industrial de nuestras mesas y de nuestras vidas. Los propietarios del restaurante Savia son un claro ejemplo.

La primera vez que llegué a su restaurante no fue precisamente para comer, sino para tomar un curso de cocina que suelen impartir periódicamente. En éste curso aprendimos acerca de los denominados superalimentos, los cuales son alimentos que encontramos en la naturaleza con un elevado contenido nutricional tales como la chia, el coco, el cacao, los arándanos azules, el alga espirulina, la maca, entre muchos otros. También aprendimos recetas para preparar licuados y comidas que se sirven en el restaurant y recibimos una cortés invitación para tomar un curso relacionado a repostería vegana impartido por una distinguida homeópata de la península.

Semanas después de aplicar lo aprendido, decidí regresar en un par de ocasiones por más inspiración a su restaurant y conocer nuevos sabores a experimentar y llevar a mi cocina.

La primera de éstas veces fue un día viernes, día en el que suelen preparar hamburguesas veggie como especial. El platillo completo consistió en una crema de calabaza (sin lácteos), la hamburguesa, arroz integral, ensalada y un licuado de mango “con otras frutas” (¿?).

Soy amante de las cremas de verduras y hortalizas, así que probé muy entusiasmado la crema de calabaza que nos trajeron y la cual tenía muy buena presentación, tan solo para encontrarme con la desagradable sorpresa de que estaba algo insípida y aguada. Noté en ella la clásica mala costumbre de los restaurantes que echan agua a las sopas y cremas para que rindan más porciones en detrimento del sabor y la calidad. Honestamente, si consideramos lo que cobran por paquete o combo ($65) se me hace un descaro que todavía procuren “estirar” de esa manera los insumos.

La hamburguesa, por su parte, tenía una presentación clásica y un sabor bastante bueno y especial para ser hamburguesa de soya, supera incluso muchas de las hamburguesas que he comido en la calle y en restaurantes, tanto de comida rápida como especializados, una de las mejores que he probado, sin duda.

Aquella primera experiencia me generó sentimientos encontrados. Había disfrutado la hamburguesa pero me había decepcionado la crema. El arroz integral fue bueno pero no tenía sal añadida para hacerlo más saludable y natural y podría no ser del gusto de cualquiera, la comida en general fue buena pero no justifica lo que pagas por ella, no obstante, como era aún muy pronto para emitir un juicio, decidí regresar en otra ocasión.

Durante la segunda visita tenía muchas ganas de probar sus chilaquiles más sin embargo desistí por temor a que me sirvieran una porción muy reducida de éstos con un sabor muy simple, lo cual haría que no valiera la pena invertir $65 en un plato tan sencillo y sin gracia, por lo que decidí optar por el chile relleno, uno de los especiales del día acompañado de un buen vaso de té negro para beber. Para mi buena fortuna, la encargada nos advirtió a mi acompañante y a mí que el arroz se les había agotado y nos preguntó si deseábamos que nos incluyeran una porción de chilaquiles en lugar de arroz a lo que inmediatamente respondí que sí sin siquiera pensarlo. El platillo resultante fue bastante vistoso.

Contrario a mis expectativas, el chile relleno se llevó la medalla a la insipidez. La soya con la que lo rellenaron no tenía nada de sabor, simplemente la hirvieron en agua con pimienta y la usaron de relleno para el chile (mal)desvenado. Al masticarlo sentías que masticabas algo, pero no lograbas descifrar qué hasta que mordías un pedazo de chile y te enchilabas. Decepcionante. Contrario a esto, los chilaquiles fueron maravillosos, la tortilla suave, el tomate bien condimentado, el queso en porciones adecuadas. Pese a la sencillez del platillo, el sabor fue sorprendentemente bueno.

Una de las peculiaridades de la cocina de Savia es que no suelen añadir mucha sal a los platillos y siempre tratan de apegarse a lo natural en la medida de sus posibilidades, esto podrá no ser del gusto de muchos, pero le encanta a otros tantos clientes fieles con los que cuenta el restaurant. Lo más interesante es que más que otro restaurant, los dueños lo han hecho parte importante de todo un movimiento descentralizado alrededor del país que aboga por una alimentación más saludable, trato ético a los seres vivos (humanos y animales por igual) y una vida digna. Y no es para menos: manifestaciones contra megacorporaciones malignas en materia alimentaria (ej. Monsanto), difusión de ideas políticas alternativas y de lucha social, así como de información que no suele ser publicada en los mass media; promoción del conocimiento sobre la cultura maya, música de culturas autóctonas, talleres de cocina y meditación, entre muchas otras cosas hacen de Savia un punto de reunión e información para cada vez más gente consciente y despierta en nuestra ciudad. Quizá la comida del restaurant no sea del gusto de todos (yo sigo aún con opiniones encontradas sobre sus platillos y precios) pero Savia es un lugar que debe seguir existiendo y formar parte del estilo de vida de mucha gente. Sin duda lo visitaré nuevamente.

P.D. La casa Savia está ubicada en la calle 59 entre 52 y 54 del Centro Histórico de la Ciudad de Mérida.

http://saviayuc.wordpress.com/

San Francisco de Campeche

Cuando era niño solía escuchar a la gente afirmar que “en Campeche todo es aburrido“. Las pocas veces que viajé a la ciudad lo constaté: Poca infraestructura, negocios cerrados antes de las 3 de la tarde, pocos atractivos turísticos, un centro histórico desatendido y olvidado y un mar que resulta más lodo estancado que agua.

Ahora, varios años después, he sido testigo de la transformación gradual de la capital Campechana. Sigue leyendo